domingo, 22 de agosto de 2010

Recordando a mi madre.

Cuando la “felicidad” de mi vida cotidiana te trae a la mitad de ese instante,
sólo desearía tenerte aquí conmigo… para compartir,
para ofrecerte la parte buena de mi.
Cuando tu recuerdo se pone ante mis ojos,
los del corazón,
el alma se me arruga,
retorcida en las puntadas de una aguja de inconformismo
tejido en su fuero más interno.
Y toda la felicidad que tuve en tu vida,
todo el amor recibido de ti,
no pueden contener un mar desbordado en mis ojos,
la insatisfacción de mis manos en el vacío…
por no poder tocarte, olerte, abrazarte,... sentirte..
Y sigue el corazón, late una y otra vez, encogido,
arrepentido tal vez al preguntarme
¿lo merece?, ….. entonces.. estiro mis recuerdos
hasta ese momento que “no recuerdo”
el que me diste la vida,  ese en el que te rompiste en dolor por mi
y siento… siento tanto calor a mi alrededor,
tu protección y  tu amor  como segunda piel,
como olor corporal que no se va al lavar
 y… que me dice que merece la pena vivir por ti..
por tu esfuerzo, por tu tesón,
por  tu orgullo de madre grande… (.. yo tuve la suerte…)
Mi egoísmo protesta que te necesitaba todavía… y ..
yo me respondo con un asentimiento de cabeza
(tu voz en mis oídos)
date tiempo.. poco a poco… nadie nace sabiendo”.
En tu recuerdo sólo puedo desearte felicidad donde estés ó seas
y el mayo beso, … por no romperme la boca y la voz gritando
Gracias mi amor… ¡¡ (Grazas nai)